FAMILIAS GITANAS TRANSFORMANDO LA ESCUELA

Familias Gitanas Transformando La Escuela

por Xavier Folch y la Asociación de Madres y Padres
Xavier Folch es Educador Social en el Centro de Educación Primaria Salvador Vinyals i Galí de Terrassa; ha colaborado en este artículo la Asociación de Madres y Padres del mismo centro.

Cuando explicamos a alguien que tenemos la suerte de trabajar en unos barrios con unas escuelas donde una gran parte de las familias son gitanas, de entrada no entienden por qué lo decimos. Cuando transmitimos a alguien todo lo que hacemos les parece que no sea posible. El estigma que precede a la etnia gitana hace que tengan asociados calificativos que presuponen que quien se relaciona o trabaja con gitanos, más que suerte tiene una desgracia. Sorprende, no obstante, que todo aquel que trabaja con personas gitanas desde un acercamiento respetuoso y desde un diálogo igualitario, huyendo de los estereotipos y los tópicos, aprende a valorar todo aquello que tiene de bueno el hecho cultural gitano.

El colegio CEIP Salvador Vinyals de Terrassa (Barcelona), es una escuela donde asisten, mayoritariamente, niños y niñas de familias gitanas. Se partía de un estado de desencanto general, ya que los profesores y las familias no se relacionaban y no había participación ni confianza en la escuela. El nivel de aprendizaje era muy bajo. El absentismo era un hecho habitual en muchos alumnos, la escuela estaba infrautilizada (matrículas, comedor escolar, actividades extraescolares, etc.) con el inminente peligro de que la escuela desapareciera, la única escuela del barrio de Vilardell i Torressana. Pero desde hace, con éste dos cursos, los profesores, y las familias que llevamos a nuestros hijos, los niños y niñas de la escuela y los que trabajamos desde el exterior, es decir, la comunidad y la escuela, estamos viviendo un proceso de transformación. No podríamos precisar exactamente el momento en que todo empezó a cambiar con tanta fuerza, ni podríamos identificar un único causante que lo haya posibilitado. La confluencia de muchos pequeños y grandes esfuerzos hace que este sueño igualitario se haya vuelto real.

Está desapareciendo la desconfianza de los profesores, y de las familias no gitanas respecto a las familias gitanas, aquella desconfianza que hacía pensar que los gitanos nunca podrían valorar la escuela, apoyar a los profesores, participar en actividades organizadas por la escuela y en resumen implicarse con el resto de familiares. Que, en definitiva, no les importaría nada lo que hicieran sus hijos en la escuela. Está desapareciendo, también, la desconfianza de las madres gitanas hacia los profesores y de todo aquello que pueden enseñar a sus hijos y lo que éstos pueden llegar a aprender, sin tener que perder la identidad como gitanos. Se está acabando el pensar que las madres gitanas sólo van a la escuela a aguantar estoicamente reprimendas de los profesores en las que explican cómo se comportan de mal sus hijos. Llegan a su fin las reuniones en las que los servicios sociales, donde yo trabajo, damos vueltas conjuntamente con el equipo directivo para intentar inventar docenas de proyectos destinados a disminuir el absentismo y el fracaso escolar, la falta de libros, la ausencia de relación entre familia y escuela, etc. Se empieza a caminar con paso firme hacia una participación real entre profesores, familias (gitanas o no) y agentes externos a la escuela. En definitiva, toda la comunidad educativa esta inmersa en un proceso de transformación de la escuela que parte de la participación entre familias y profesores para ilusionar, soñar y mejorar la escuela.

En la reunión donde preparábamos este artículo con las madres de la escuela, la Paqui, la Encarna, la Montse, la Begoña, la Mª Flor, la Rosi, la Mª Ángeles y la Carmen, comentaban que las Comunidades de Aprendizaje han sido un motor que ha generado "buen rollo" y buen ambiente en la escuela, y que da esperanzas para creer y sentir que todo es posible.

Desde hace tres cursos surgió la posibilidad de participar en el proyecto "Comunidades de Aprendizaje". El director de la escuela CEIP Salvador Vinyals, la directora de una escuela cercana CEIP Mare de Déu de Montserrat, la trabajadora social del EAP y yo mismo visitamos una escuela que estaba trabajando dentro de ese proyecto. A partir de ése momento fue cuando, asesorados por el equipo del CREA (Centro Especial de Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades), de la Universidad de Barcelona, se empezó con la "fase de sensibilización" en la cual el equipo de profesores recibieron formación por parte de dicho centro, dedicando a esto muchas horas personales, treinta. Posteriormente, decidieron por mayoría implicarse en el proyecto. Después se invitó a las madres y a los padres a decidir si también querían participar en ello. A partir de aquí, se puso en marcha la fase del sueño, donde se trataba de imaginar "qué escuela querían" cada una de las partes: alumnos, profesores y familiares. Este proceso, de entrada, ha generado una participación y una colaboración que nunca se hubieran imaginado.

Entre otros muchos sueños, cada una de las partes soñó lo siguiente:

  • Las familias soñaron organizar salidas, tertulias y café para madres, hacer competiciones deportivas con otros centros, formación para familiares.
  • Los niños y niñas soñaron con no quedarse en casa, hacer talleres, tener un rocódromo y juegos de patio.
  • Los profesores también soñaron que los padres fuesen a las reuniones con los profesores, que las familias valorasen positivamente la escuela, hacer juegos infantiles en el patio de los niños y niñas de 3 a 6 años.
  • Otros sueños fueron: hacer una escuela de secundaria más cercana, construir una guardería para niños de 0 a 3 años, arreglar los patios para que fueran más bonitos y tapar el cementerio que se ve desde la escuela.

Todos estos sueños no quedaron en el aire, sino que se priorizaron en una asamblea de padres, madres y profesores, en la cual se crearon comisiones mixtas (madres y profesores) para conseguir los sueños. Actualmente funcionan cuatro comisiones de trabajo (Comisión de infraestructura, Comisión de reivindicaciones, Comisión de organización y la Comisión de relación familia-escuela). Cada comisión se reúne para intentar conseguir aquellos sueños que se han priorizado. Lo más impactante de las comisiones de trabajo es que los profesores y las madres se hablan de tu a tu, en un plano de igualdad y respeto mutuo. No hay distancia ni desconfianza. La opinión de cualquier madre tiene tanta importancia como la de los profesores y la relación que se está estableciendo empieza a romper estereotipos mutuos y está transformando de raíz toda la comunidad escolar. Actualmente la escuela tiene más abiertas las puertas que nunca, y las familias, incluyendo a las gitanas, entran y sienten la escuela como propia. Se preocupan de ella, participan y hacen propuestas. Cualquier momento es bueno para generar un diálogo que ponga en marcha una actividad o un proyecto común. Las madres gitanas notan más cerca que nunca la escuela de sus hijos y la escuela se ha convertido en un punto de encuentro y de relación. Cualquier actividad que organizan tiene garantizada la participación de una gran parte de familiares que nunca antes se habían acercado a la escuela.

Esta dinámica no es habitual en una escuela que no parte de los principios de Comunidades de Aprendizaje. El resto de colegios que hay alrededor, a pesar de tener, a priori, mayor potencial de participación, mantienen una dinámica totalmente contraria, partiendo de un concepto de escuela cerrada e impermeable a la participación de los familiares.

Es importante destacar que el comedor escolar de nuestra escuela también se ha impregnado de esta transformación. Desde que las monitoras que trabajan en el comedor son gitanas, el número de niños y niñas que asisten al comedor se ha cuadruplicado en dos cursos escolares. Las familias y profesores confían en el trabajo que se realiza y, en general, ha desaparecido el hecho de pensar que el comedor puede ser fuente de preocupación y conflictos.

Desde las comisiones mixtas se están organizando cursos de alfabetización, salidas para madres, foniatría para madres y ex alumnos que cantan en el culto (Iglesia evangelista), gimnasia para las madres y, sobretodo, mucha participación en toda la vida escolar. Esta participación se está concretando también en el hecho de que tanto la presidenta de la asociación de madres y padres de la escuela, Paqui Ugal, como una gran parte de madres de la junta de la asociación, son gitanas. También es importante destacar que en el consejo escolar, que es el máximo organismo de decisión de la escuela, recientemente se han incorporado madres gitanas, respondiendo a la realidad multicultural que tiene la escuela.

Tenemos el privilegio de vivir y participar en un sueño compartido. Sin darnos cuenta está cambiando el desencanto, la queja, la desconfianza y la apatía por la ilusión, la participación y el hecho de creer que todo es posible si "todos" participamos en ello. Cuando vemos la escuela y detallamos quien compone este "todos", nos damos cuenta que desde el conserje, los profesores, el equipo directivo, el inspector de la enseñanza, las madres y padres, los niños y niñas, el ayuntamiento, la federación de asociaciones de vecinos (FAVIBC) y, sobretodo, la ilusión y el conocimiento de las personas de CREA, están haciendo posible hoy mismo una utopía. Queda camino por recorrer, sueños para conseguir, pero el hecho de hacer el camino juntos, con el esfuerzo de todas las partes, ya garantiza que se esté transformando.