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Construyendo Un Sueño: Comunidades De Aprendizaje En El País Vasco

por Mª Luisa Jaussi y Carmen Vega


Mª Luisa Jaussi es Coordinadora del Proyecto Comunidades de Aprendizaje del País Vasco; Carmen Vega es Directora del Centro de Primaria San Antonio de Etxebarri.

Todas las personas que formamos parte del proyecto de Comunidades de aprendizaje compartimos un mismo sueño, una misma utopía: que todos los niños y niñas, independientemente de su situación social, de su cultura, de sus características personales lleguen a desarrollar al máximo sus capacidades y gocen de los mismos derechos y oportunidades reales en la sociedad actual. Es un sueño de igualdad que incluye la diferencia. Pensamos que "otra educación es posible" y para ello es necesario que más personas se adhieran a esta utopía, algo que ya está sucediendo en Euskadi donde cada vez más escuelas inician el proceso de transformación.

El sueño es una de las fases del proceso de transformación de un centro en una Comunidad de Aprendizaje. Es el motor de arranque de la ilusión, del sentido y del encantamiento. Es la utopía hacia la que dirigir todos los esfuerzos, la ocasión para que todo el mundo, grandes y pequeños, jóvenes y mayores den rienda suelta a su imaginación, a sus aspiraciones y comience el proceso de transformación del centro. No es posible educar sin esperanza, los educadores sin esperanza contradicen su práctica.
Son hombres y mujeres sin rumbo.

Al contrario de lo que piensan los irresponsables, el lenguaje de quien se inserta en una realidad contradictoria, empujado por el sueño de hacerla menos perversa, es el lenguaje de la posibilidad. Es el lenguaje comedido de quien lucha por su utopía de una forma impacientemente paciente (Freire, 1997: 57)

Entendiendo el aprendizaje como un proceso de interacción entre todos y todas, es necesario crear situaciones óptimas para que se dé el diálogo. En el sueño, construido con las voces de todas las personas, es donde se inicia nuestro proyecto. Creemos que sólo en la interacción comunicativa de las familias, profesorado, alumnado, barrio, y sociedad es posible construir un proyecto educativo útil.
Esta fase consiste en idear, entre todos y todas, el centro al que nos gustaría asistir, dar clases, llevar a los niños y las niñas...
Iniciamos la fase del sueño muy ilusionados convencidos de que podíamos mejorar y transformar la escuela con las aportaciones de toda la comunidad escolar. Soñamos los profesores/as, las familias, el alumnado, personal de servicio de limpieza, del comedor, conserje, diversos agentes sociales, ayuntamiento... Cada colectivo soñó por separado con la idea de aunar posteriormente todas las ideas y aportaciones para elaborar el sueño común.1

La propuesta que se plantea al profesorado y al resto de la comunidad es soñar la escuela que quisieran para sus hijos e hijas. Con este planteamiento se intentan evitar los dobles discursos que puede aparecer al pensar que para los propios hijos o hijas son imprescindibles determinados recursos educativos (aprender lenguas, ordenador) y que eso mismo puede no ser necesario o adecuado para los demás.

Desde esta propuesta, es más fácil establecer el diálogo con las familias porque el sueño es el mismo: lo mejor para sus hijos e hijas.

El que el diálogo se inicie alrededor del sueño permite la participación de todas las personas independientemente de su clase social y nivel de estudios, de su cultura, porque se huye del lenguaje técnico y excluyente. Todos y todas tenemos sueños, podemos soñar, también los niños y niñas de diferentes edades pueden hacerlo, los más pequeños pueden dibujar o contar sus sueños a través de historias fantásticas.
Se planteó que los padres y madres tomaran parte activa en el proceso de elaboración de su sueño, de forma autónoma, dándoles voz y escuchando y recogiendo sus propuestas, ideas y sugerencias. Para ello, y después de unas reuniones informativas iniciales en las que las familias asumieron el proyecto como suyo y entendieron la importancia y trascendencia de esta fase, se pasó a la puesta en práctica.

Se eligieron delegados o delegadas de cada curso que se comprometieron para conseguir que la mayor parte de las familias participara en el proceso. Personas que en un principio no se sentía muy capaces de llevar a cabo la tarea, y que nunca se habían visto en una situación parecida, se encargaron con gran éxito de todo el proceso, lo que ha influido muy positivamente en sus relaciones con la escuela y su propio desarrollo personal.

Se llevaron a cabo diferentes reuniones con estos delegados analizando técnicas que pudieran ser útiles para recoger los sueños de la mayoría y de modo que todo el mundo viera reflejada su aportación en el sueño común.

Al finalizar este proceso valoraron que la participación, a pesar de haber sido muy elevada, no había sido del 100%. Revisaron las listas de clase y, viendo que algunas familias no respondían a las convocatorias escritas y que por diferentes razones no acudían a las reuniones, pusieron en marcha otro tipo de estrategias. Se repartieron el trabajo y soñaron con la vecina tomando un café, en el parque mientras los niños jugaban, de forma individual y más cercana. La valoración fue muy positiva, consiguieron que soñaran los colectivos menos integrados en el centro cumpliendo así el objetivo de recoger el sueño de la mayoría.

El alumnado, en clase, y ayudado por el profesorado soñó cómo quería que fuera su escuela. Los más pequeños lo hicieron a través de dibujos y los más mayores utilizaron carteles, murales,... Con todo ello se confeccionó una gran pancarta que se colocó en la entrada del colegio junto a un buzón que facilitaba la recogida de los sueños de aquellas personas que por razones laborales y horario no pudieron asistir y participar directamente en las reuniones.

El sueño facilita, asimismo, que se superen condicionantes o expectativas bajas o demasiado relacionadas con la visión de una realidad sesgada. Frecuentemente, en los mecanismos de participación habituales, no aparecen ni las verdaderas aspiraciones de las personas, ni los pequeños deseos, porque no consideran que tengan derecho a ello o que sea posible. Lo peor de todo es que esto suele confundirse con falta de motivación o interés.

El simple hecho de darles la oportunidad de expresar lo que querían fue suficiente para hacer realidad algunos de los sueños, sin esperar a constituir una comisión que gestione su puesta en marcha. Las expectativas de lo que se quería para los hijos e hijas por parte de las familias y para el alumnado por parte del profesorado se dispararon.

Cuando se potencia soñar desde un plano de igualdad, empiezan a romperse esas barreras impuestas o autoimpuestas y descubrimos que todos y todas tenemos aspiraciones similares. Esto lo convierte en un importante motor tanto de diálogo como de dinamización de la acción.

Al poner en común los sueños, nos dimos cuenta que todos queremos lo mejor para nuestros hijos/as y alumnos/as. No había grandes diferencias y estábamos de acuerdo en lo fundamental. Todo resultó muy fácil y sirvió para concienciarnos del potencial con el que contábamos, de que realmente podíamos llevar adelante el proyecto.

Esta fase facilita que más personas vivan la escuela como algo suyo, que tenga sentido.
Las familias marroquíes soñaban con clases de árabe, en horario extraescolar, para que sus hijos e hijas ayudaran a preservar su propia lengua e identidad. Con el esfuerzo y la colaboración de diferentes entidades se hizo posible. A partir de este momento estos familiares empezaron a participar en otros ámbitos dentro de la escuela.

El sueño es conocido y compartido por toda la comunidad.

Se elaboró un boletín recogiendo todos los sueños y se repartió a todos los colectivos de manera que la información se hiciera extensiva y llegara a todos los componentes de la comunidad educativa.
Los sueños se clasificaron por aquellos elementos relevantes y significativos que se repetían en todos los estamentos. Como resumen
, se elaboró el siguiente cuadro, que se ha convertido en nuestro referente: es la utopía hacia donde caminamos.

LA ESCUELA QUE SOÑAMOS

  • Una escuela sin fracaso escolar, con éxito para todos y todas.
  • Una escuela donde todos y todas participen y colaboren, integradora, abierta al entorno, centrada en el diálogo igualitario.
  • Una escuela euskaldun
  • Una escuela del respeto y la tolerancia.
  • Aceptación por parte de los compañeros y compañeras del alumnado con problemas
  • Buen profesorado.
  • Una escuela del respeto y diálogo entre las distintas culturas, etnias, idiomas que conviven en la escuela: sociedad plural.
  • Respeto a la Naturaleza y Medio Ambiente.
  • Alumnos responsables y autónomos, críticos, reflexivos, adaptados a la sociedad, con alto grado de autoestima.
  • Altas expectativas con respecto a todas las personas integrantes de la comunidad

  • Colaboración y participación de los padres y madres tanto en la escuela como en la A.P.A.
  • Compartir criterios, objetivos y planteamientos entre el profesorado y las familias.
  • Formación de padres y madres.
  • Profesorado fijo
  • Ampliación del horario
  • Lugar de estudio para horas no lectivas (recreos, comedor...).
  • Comedor Escolar con buena infraestructura y funcionamiento.
  • Tiempo para la organización.
  • Coordinación continua del profesorado.
  • Que el alumnado sea de todo el profesorado.
  • Una escuela limpia, clases bonitas y bien equipadas.
  • Buenos accesos y con eliminación de barreras arquitectónicas, ascensor o rampa para acceder al aula y patio.
  • Amplias instalaciones deportivas, gimnasio, buenos patios.
  • Mobiliario nuevo, paredes y cortinas, sin mesas y sillas sobrantes.
  • Casilleros con llave.

  • Enseñanza de 2 a 18 años: Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato.
  • Libros gratis.
  • Dotación económica para agilizar las gestiones de reparación y mantenimiento de forma autónoma.
  • Cambio de rol del profesor, favorecedor de las interacciones y la cooperación.
  • Aprendizaje dialógico.
  • Más personas adultas en el aula.
  • Motivación.
  • Atención individualizada.
  • Escuela dinámica y más salidas.
  • Acercamiento a la realidad.
  • Objetivos claros compartidos por el alumnado y las familias.
  • Una línea de trabajo coherente.
  • Formación continua del profesorado.

  • Potenciar las lenguas: euskera, castellano, inglés, francés...
  • Informática al alcance de todo el alumnado Actividades extraescolares: Informática, teatro, danzas vascas, gimnasia rítmica, deporte, talleres
  • Ludoteca para Infantil.
  • Salidas para conocer el entorno
  • Cursillos variados:...
  • Ayuda al estudio.
  • Clases de árabe.